Viva Jason

junio 13, 2008

Canto Coral por Jason Voorhees, un viernes 13 cualquiera

“Lo harán volar con dinamita.
En masa, lo cargarán, lo arrastrarán.
A golpes le llenarán de pólvora la boca.
Lo volarán: ¡y no podrán matarlo!”

Ando algo ocupado últimamente. Me distraigo con un poco de Freddy por allí, viendo los pininos de Johnny Depp en la calle Elm. Pero, por sobre todos, viendo al héroe de mi infancia es Jason Voorhees, el espíritu de la venganza. Lo descuartizarán, le arrancarán el duodeno, le harán leer 5000 veces el libro ese sobre Francis Farmer -no hay peor tortura- o leer 80M84RD3R0o -sí, hay peores torturas, como leer el blog de un tal Rodolfo Ybarra-, ¡y no podrán matarlo!

Sueño el día que el personaje caiga en manos de un director con huevos, como Paul Verhoeven. Ojalá que algún peruano pueda hacer algo así aquí. Yo le daría el premio CONACINE. Aguante Alonso Alegría, y no haga caso a esos amariconados blogueros caviares.

Si bien vivo a unas cuadras de la famosa Residencial San Felipe, puedo decir que prácticamente me he criado ahí. La mayoría de mis amigos del colegio vivían ahí y, bueno, se armó una manchita de la putamadre.

Hace mucho tiempo que no veo a mis amigos del barrio, algunos de ellos se han ido a hacer sus estudios al extranjero, otros se mudaron a otros barrios, a provincias, poco a poco fueron desapareciendo del barrio y con ellos se fueron varios recuerdos.

Uno de ellos y en particular uno que quiero rescatar para contarselos fue “La Guerra Mundial de Pepitas”.

Y dice asÍ:

Había una vez un viejito que frecuentaba la residencial y que se ganaba la vida vendiendo hondas que fabricaba con el jebe de la cámara de llanta. Toda la chibolada se moría por tener una de estas hondas y juntabamos nuestro billete para poder comprarlas. El viejito además te daba tips como para que no te revientes la mano de una pedrada en los dedos. Era una tradición que pronto se perdió. No sé porqué pero en aquellos tiempos era todavía común usar una honda para cazar cuanta ave nos encontráramos, la verdad la idea principal era cazar una cuculí, por ejemplo, pero luego y con el tiempo, nos fuimos dando cuenta que lo nuestro no era matar pajaritos.

(En la Residencial hay muchos árboles que dan unas pepitas verdes. Estas pepitas son tan duras que se pueden manipular sin mancharte pero tan blandas que de un buen hondazo se revientan antes de hacerte una herida, pero te dejan unos moretones de esos que parece que te han baleado. Si te han dado un hondazo con una de esas pepas, sabes a lo que me refiero. Sigue la historia.)

No sé porqué ni a quién se le ocurrió, pero de un momento a otro a todas las manchas de la Residencial se les ocurrió que determinado día del verano ocurriría La Primera Guerra Mundial de Pepitas. No sé cómo ocurrió tampoco, pero todos los equipos comenzamos a juntar pepas de los árboles. Literalmente a depredar todas las pepitas verdes que se pudieran conseguir, las acumulabamos en bolsas y también las pesábamos por kilos. “¡Los de Los Fresnos ya tienen 7 kilos!” llegaban los chismes de inteligencia, y todos corríamos a buscar más. Mi equipo tenia un cajón entero de pepitas.

Llegó el día y recuerdo que habían no decenas sino cientos de chibolos en la calle, algunos prepararon chalecos antipepas hechos con cajas de leche recortadas y discretamente colocadas debajo de la ropa, otros llevaban lentes de esos de bucear para proteger los ojos, algunos se habían subido en árboles y otros incluso atacaban desde sus casas. Los más avezados sólo llevabamos nuestra honda y muchas ganas de meterle un pepazo a alguien.

Todos listos a enfrentarse en una indescriptible guerra de pepas que acabó enviando a más de uno a la clínica. Lo mío acabó con un piedrón (a alguien seguramente se le acabaron las pepitas) que se compuso luego con cuatro puntos que hasta hoy llevo en alguna parte de la cabeza.

Felizmente no se me nota. La segunda guerra mundial, no sé porqué jamás se realizó.

Otro comentario dudoso

junio 6, 2008

(Disculparán la ausencia, pero jódanse, para qué no dejan comentarios. Uno raja de Sifuentes o Salas y todo el mundo salta, pero ¿después? Es alucinante cómo Cisneros es intocable. Blah.)

A lo nuestro: un tal “huron444”, que asumo es el señor Javier Gárvich, un izquierdista (¡su blog se llama la hoz y el gatillo o algo así) ha dejado un comentario contra el señor Daniel Salas, quien hace poco recuperó mi respeto con una discusión por demás alturada que entablamos en este blog. Altura es lo que le falta al Sr. Garvich con expresiones tales “te interesa arrinconar a los disidentes al margen”, presunciones intolerables en cualquier tipo de intercambio de pareceres.

De todas formas, dejo el comentario del Sr. Garvich, para que ustedes sean los jueces. ¿Se queda o se va?